abril 24, 2024

Así es Anastasia Radina: cuando el pasado verano, el entonces ministro de Defensa ucranio, Oleksi Reznikov, se vio salpicado por un nuevo caso de presunto fraude en la compra de material para el ejército, Radina (Kiev, 39 años), al frente del Comité Anticorrupción del Parlamento, pidió responsabilidades. Reznikov la retó a que demostrara sus acusaciones o dimitiera. Bien al contrario, el 26 de agosto, la diputada por el partido Servidor del Pueblo, el del presidente Volodímir Zelenski, le dio 48 horas para que él probara que el material en cuestión no se había comprado al sobrino de un parlamentario, sin licitación y al triple del precio debido. Reznikov aguantó 10 días en el cargo antes de presentar su renuncia. Radina sigue en el puesto.

Licenciada en Derecho y con una larga carrera como activista anticorrupción hasta llegar al hemiciclo tras las elecciones de 2019, Radina, casada y madre de un niño, atiende la entrevista en el vestíbulo de un hotel de la capital junto a la Verkhovna Rada, el Parlamento ucranio. Estos días, los medios locales recogen el escándalo de vigilancia ilegal de la publicación Bihus.Info, dedicada a investigar la corrupción. Radina expresa seria y firme que el trabajo de los periodistas es fundamental para denunciar esta lacra. “La gente les presta atención”, dice.

Según datos facilitados por el equipo de Radina, en el periodo 2016-2023, la labor del conjunto de organismos anticorrupción ha permitido recuperar 182 millones de euros. Desde febrero de 2022, la agencia, la fiscalía y el alto tribunal anticorrupción han transferido en torno a 50 millones de lo reunido a las Fuerzas Armadas de Ucrania, que defienden el país de la invasión rusa.

Pregunta. Entró en el Parlamento ucranio hace cinco años. ¿Es Ucrania menos corrupta que entonces?

Respuesta. Ucrania es muy diferente al país que heredamos tras la Revolución de la Dignidad en 2014. Con frecuencia escucho referencias al Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Es importante ser preciso: en este índice no se trata de lo corrupto que es un país, sino de lo que la población piensa al respecto. Y yo diría que la percepción de Ucrania también refleja el trabajo que están haciendo los periodistas de investigación. Antes de 2014, el índice de percepción de corrupción en Ucrania no era alto. Teníamos un Gobierno que era mitad Gobierno, mitad grupo criminal, con un sistema organizado para malversar más de la mitad del presupuesto estatal en beneficio de una familia. Y Ucrania no era percibida por la población como muy corrupta.

P. ¿Por qué?

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R. Porque cuando encendías la televisión o la radio, no oías hablar de corrupción en Ucrania. Cuando se ha restaurado la libertad de expresión, cuando los periodistas y los medios de investigación han asumido el control, la población empieza a hablar de corrupción. Han estallado escándalos, algo que no ocurría en tiempos de[l presidente Víktor Yanukóvich (2010-2014)]. Creo que es bueno que la población sea consciente de que la corrupción es un problema porque así es como se presiona a los políticos. Es positivo que esta conciencia exista en la opinión pública. Encuestas de opinión desde 2016 han mostrado de manera constante que la corrupción es uno de los tres grandes problemas a nivel nacional que la gente espera que los políticos aborden. Esto es lo que nos ayudó a impulsar la reforma anticorrupción.

P. ¿Está cambiando la forma en la que la sociedad juzga la corrupción?

R. Absolutamente. Un número cada vez mayor de ucranios, el 86%, dice que la corrupción es inaceptable. El nivel de tolerancia ha ido disminuyendo desde la Revolución de la Dignidad. También se han implementado una serie de reformas para abordar la pequeña corrupción, que no se trata de que la gente quiera pagar sobornos, sino de que no tenga servicios accesibles o procedimientos comprensibles. Por ejemplo, cuando tienes la oportunidad de incluir de forma online a tus hijos en una lista de espera para ir a la guardería sin necesidad de pagar dinero.

Para la corrupción política se han puesto en marcha instituciones independientes, desde cero, sin el legado de viejos sistemas heredados de la Unión Soviética. Se ha tenido éxito en establecer instituciones anticorrupción especializadas: una agencia preventiva independiente, una de investigación, una fiscalía e incluso un alto tribunal. Y esto es lo que envía un mensaje a todo el sistema de que no hay personas intocables y que la corrupción finalmente se está volviendo punible, algo que no sucedía antes de 2014.

P. ¿Qué importancia tiene luchar contra la corrupción cuando se libra una guerra contra Rusia?

R. Yo diría que es igual de importante porque la gente lucha por el país que ofrece libertad, Estado de derecho y justicia. Nuestro trabajo como políticos es garantizar el tipo de país por el que luchan.

P. ¿Cuál es la principal preocupación del Comité Anticorrupción?

R. Es asegurarse de que las instituciones anticorrupción tengan mandatos, poderes y recursos para poder actuar correctamente y con independencia. En realidad, no conozco ningún país que haya llegado tan lejos, sacrificando incluso parte de la soberanía gubernamental para garantizar que estas instituciones son verdaderamente independientes de cualquier interés creado o de políticos. Al mismo tiempo, tenemos un mandato más amplio en la supervisión parlamentaria. Investigamos, por ejemplo, casos presentados por periodistas de investigación sobre supuestos precios inflados y adquisiciones de[l Ministerio de] Defensa. Lo que hicimos después de que estallara el escándalo [en la compra de material durante el mandato del ministro Reznikov] fue presentar una iniciativa legal para introducir transparencia en las adquisiciones militares. Esta legislación se aprobó en solo unos meses, a un ritmo muy rápido para el Parlamento ucranio.

P. ¿Cuánto tiempo necesita Ucrania para un cambio real?

R. Francamente, este cambio ya está ocurriendo. Puedo darle algunos números: el tribunal anticorrupción, que lleva cuatro años en funcionamiento, ha condenado ya a 27 jueces [en el periodo anterior solo se tiene registro de una sentencia en 2009, contra Ihor Zvarych, magistrado en Lviv]. Si esto no muestra que el sistema está cambiando… Es importante no solo porque hay personas que están cumpliendo su condena en prisión, sino porque los jueces se consideraron intocables durante muchos años. El mecanismo anticorrupción empieza a desempeñar un papel preventivo, que es con lo que soñábamos en 2014 y 2015.

P. ¿Se ha sentido amenazada por su trabajo?

R. No diría que he sentido peligro alguno. Tengo una gran reputación como persona con la que no se hacen tratos. Estoy orgullosa de eso. Pero tan solo hace cuatro años, veíamos cómo se increpaba a activistas de la sociedad civil, incluso quemando sus casas, recibiendo amenazas.

P. ¿Aún ocurre o esto también está desapareciendo?

R. La cuestión es: ¿hay individuos o grupos de personas que querrían utilizar estos métodos obsoletos? Sí, desafortunadamente. Tenemos el caso de la vigilancia ilegal de periodistas [del medio anticorrupción Bihus.info]. Ha habido reacción y nadie ha dicho que estuviera bien. Lo importante es que ahora las autoridades investiguen este caso porque hay responsabilidad penal. Es lo mismo que el caso de precios supuestamente inflados en las compras con dinero público. Todavía hay personas que piensan que pueden hacerlo, pero también tenemos un sistema creado con reglas e instituciones para responder a eso.

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