abril 23, 2024

Tras el ataque de Hamás a Israel del pasado 7 de octubre, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, y su homólogo israelí, Yoav Gallant, estuvieron durante semanas hablando por teléfono casi a diario. Austin se reunió con Gallant en Tel Aviv a la semana siguiente del ataque con un mensaje de apoyo cerrado. Volvió a visitar Israel en diciembre, subrayando ya entonces la necesidad de reducir la intensidad de la ofensiva, proteger a la población civil y de facilitar la ayuda humanitaria. Austin recibe este martes en el Pentágono a Gallant en un intento casi a la desesperada de disuadir a Israel de llevar a cabo una ofensiva terrestre en la zona de Rafah, en el sur de la Franja y fronteriza con Egipto.

El secretario de Defensa planteará alternativas para derrotar a Hamás que no tengan consecuencias tan desastrosas para la población civil como las que se derivarían de una nueva operación militar a gran escala en Rafah, donde se concentra casi millón y medio de personas. Gallant, por su parte, pedirá garantías de que Washington no hará caso a las voces que piden reducir las entregas de armamento a Israel.

Este domingo, antes de subir al avión rumbo a Estados Unidos, Gallant declaró que “centrará” su visita, entre otros temas, en “la capacidad de obtener sistemas y munición” y en “la preservación de la ventaja militar cualitativa”, como se conoce al compromiso de Washington desde hace décadas de proveer siempre a Israel el mejor armamento y tecnología de Oriente Próximo. Ese mismo día, a la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, le preguntaron en una entrevista en la cadena ABC si la invasión de Rafah tendría “consecuencias” por parte de su país. “No descarto nada”, respondió la número dos del presidente Joe Biden.

La visita de Gallant y de otros altos cargos israelíes a Washington es fruto de la conversación telefónica que mantuvieron el pasado lunes Biden y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en el momento de mayor distancia entre ambos líderes. Además del convencimiento de que la ofensiva no es una buena idea, el presidente de EE UU es consciente del coste en popularidad y votos que le ha supuesto su apoyo a Israel en la primera fase de la guerra, que se ha ido acentuando a medida que la situación de la población civil de Gaza se agravaba y el número de víctimas se disparaba. La firma demoscópica Gallup publicó una encuesta la semana pasada en la que mostraba que solo el 27% de los estadounidenses aprueban la forma en que Biden está manejando la situación en Oriente Próximo entre israelíes y palestinos.

Washington no quiere en Rafah otra operación como las que tuvieron lugar en Ciudad de Gaza y Jan Yunis. En la zona fronteriza con Egipto se calcula que hay 1,4 millones de palestinos, entre ellos muchos que huyeron allí desde otros lugares de la Franja por la guerra atendiendo las indicaciones de Israel. El Gobierno de Netanyahu ha sugerido la idea de crear unas “islas humanitarias” a las que vaya la población, algo que a Washington le parece inviable. “Déjeme decirle algo: he estudiado los mapas. Esa gente no tiene adónde ir”, dijo Harris en la entrevista, en la que consideró que “cualquier operación militar de envergadura en Rafah sería un enorme error”.

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Plan viable

El Gobierno de Biden considera que Israel no ha presentado un plan viable sobre cómo o dónde trasladar a los civiles de forma segura, cómo alimentarlos y alojarlos y garantizarles el acceso a cosas básicas como el saneamiento, según explicó la semana pasada el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, en una rueda de prensa.

Además, subraya que Rafah es el principal punto de entrada de ayuda humanitaria a Gaza desde Egipto e Israel y que una invasión la cerraría o al menos la pondría en grave peligro en el momento en que más se necesita. Biden es consciente asimismo de que Egipto ha expresado su alarma ante una operación militar de envergadura junto a su frontera e incluso ha planteado dudas sobre su futura relación con Israel (ambos países mantienen un acuerdo de paz desde 1979) como consecuencia de cualquier operación militar de calado.

La Casa Blanca rechaza la supuesta premisa de que oponerse a la operación sea cuestionar la necesidad de derrotar de Hamás, algo que Sullivan calificó de “disparate”. “Nuestra postura es que no debe permitirse a Hamás un refugio seguro en Rafah ni en ningún otro lugar. Pero una gran operación terrestre allí sería un error. Provocaría más muertes de civiles inocentes, empeoraría la ya grave crisis humanitaria, profundizaría la anarquía en Gaza y aislaría aún más a Israel a nivel internacional”, afirmó Sullivan al explicar el contenido de la llamada entre Biden y Netanyahu.

Para mostrar la oposición a la operación de una forma constructiva, Washington asegura que los objetivos clave que Israel quiere alcanzar en Rafah pueden lograrse por otros medios. Por eso, Biden pidió a Netanyahu que enviase a Washington a una delegación de alto nivel compuesta por militares, servicios de inteligencia y personal humanitario. La idea, dijo Sullivan, es no solo que escuchen las preocupaciones de Estados Unidos sobre los planes de Israel en el sur de la Franja, sino también “presentar un enfoque alternativo que apunte a elementos clave de Hamás en Rafah y asegure la frontera entre Egipto y Gaza sin una gran invasión terrestre”.

Garantías

Ante la evidente falta de sintonía entre Biden y Netanyahu, el diálogo más técnico quedará en manos de dos militares: un general retirado de cuatro estrellas (Austin) y un comandante general (Gallant). El ministro de Defensa israelí quiere asegurarse de que el armamento estadounidense seguirá fluyendo como en estos casi seis meses de guerra en Gaza, pese a las diferencias de opinión, y aumentará si las escaramuzas diarias entre Israel y la milicia libanesa de Hezbolá acaban desembocando en una guerra abierta en el norte, según medios israelíes. Entre los temas que abordará en su visita, Gallant mencionó “asegurar las necesidades de seguridades de Israel relacionadas con la Franja de Gaza y Líbano”. El pasado diciembre, Netanyahu aseguró en un encuentro privado con representantes locales: “Necesitamos tres cosas de Estados Unidos: munición, munición y munición”, informó entonces el diario Israel Hayom.

Gallant milita en el partido que lidera Netanyahu (Likud) y es considerado un halcón en cuanto a la necesidad de abrir también el frente libanés, como única forma de que los alrededor de 80.000 israelíes evacuados de las localidades fronterizas puedan regresar a sus hogares. Pero, como no olvidan en la Casa Blanca, fue también hace un año el único ministro en desmarcarse públicamente de la controvertida reforma judicial de Netanyahu que fracturó Israel —Biden la calificó de “divisiva”— y generó las manifestaciones más multitudinarias de la historia del país. Netanyahu anunció su cese, pero ―presionado por la calle― no lo llegó a ejecutar y lo acabó manteniendo en el puesto. En otra posible grieta con su primer ministro, Gallant ha anunciado este mismo domingo su oposición a una ley ―que impulsa Netanyahu― para mantener la exención del servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos.

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