abril 22, 2024

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha admitido que el ataque terrorista que conmocionó a Rusia el pasado viernes fue obra de “terroristas islamistas”. Sin embargo, el mandatario sigue intentando vincular el ataque, sin presentar pruebas, a su enemiga Ucrania. “Esta atrocidad podría ser un eslabón más en la serie de intentos de quienes luchan contra la Federación de Rusia desde 2014 bajo el régimen neonazi de Kiev”, ha manifestado el líder ruso tras reunirse por videoconferencia este lunes con los jefes de los servicios especiales para reforzar la protección del país.

“Sabemos que el crimen fue cometido por islamistas radicales con una ideología contra la que el propio mundo islámico ha estado luchando durante siglos”, ha declarado Putin antes de apuntar que su país “sabe quién llevó a cabo el ataque en la sala Crocus, pero está interesada en saber quién lo ordenó”.

El atentado cometido el pasado viernes a pocos minutos de comenzar un concierto en la sala Crocus, a las afueras de Moscú, acabó con las vidas de 139 personas, incluidos tres menores, y dejó 180 heridos, según los últimos datos ofrecidos en la reunión encabezada por Putin.

El Kremlin se aferra a que los cuatro atacantes de la sala de conciertos fueron detenidos supuestamente en la autovía que une Moscú con Ucrania, la M-3, pese a que el frente y la región fronteriza de Briansk son las zonas más vigiladas por sus fuerzas. “¿Quién los esperaba allí?”, ha sido una pregunta retórica de Putin durante la reunión. “Nos interesa saber quién es el cliente”, ha sido la otra cuestión abierta por Putin.

“La investigación debe llevarse a cabo con el más alto grado de profesionalidad, objetividad y sin ningún sesgo político”, ha añadido el presidente, pese a que el mismo sábado apuntó a Kiev como partícipe del atentado sin esperar a las conclusiones de las pesquisas. Horas después, un canal del Estado Islámico del Khorasán (ISIS-K), una filial centroasiática del grupo terrorista, publicó un vídeo grabado por los propios atacantes en la sala de conciertos. Los cuatro terroristas detenidos proceden precisamente de la república centroasiática de Tayikistán.

“Todos los acusados admitieron su culpabilidad”

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El jefe del Comité de Investigación ruso, Alexánder Bastrikin, declaró en su intervención que sus agentes han obtenido toda la información que buscaban de los detenidos, incluidos los atacantes, el dueño del vehículo en el que escaparon y el padre y el hermano de este último. “Todos los acusados admitieron su culpabilidad durante el interrogatorio y ante el tribunal, dieron testimonios detallados sobre las circunstancias del crimen, y sobre sus clientes y las personas que ayudaron en la preparación del ataque terrorista”, ha manifestado el alto cargo.

Bastrikin hizo un recorrido cronológico del ataque. Según su versión, los terroristas llegaron a la sala de ocio Crocus a las 19:58 horas del viernes (17:58 en la España peninsular) y abandonaron el edificio a las 20:11.

Los presuntos terroristas mostraron signos evidentes de haber sido golpeados al comparecer ante el juez. Antes, un vídeo filtrado por los medios rusos mostraba cómo los agentes cortaban la oreja derecha al supuesto yihadista tayiko Saidakrami Rachabalizoda, de 30 años, y se la introducían en la boca durante su detención; mientras que un canal de Telegram próximo al grupo de mercenarios Wagner, Gray Zone, reveló una foto de otro detenido, Shamsidin Fariduni, ciudadano tayiko de 25 años, desvestido y conectado a una máquina de que produce descargas eléctricas. Este último arrestado fue quien declaró el sábado, durante su primer interrogatorio en cámara, que alguien “sin nombre” les había pagado unos 5.000 euros “por matar a gente”.

La amenaza del Estado Islámico del Khorasán no es nueva. El propio Servicio Federal de Seguridad anunció el pasado 7 de marzo que había “neutralizado” a un comando de esta agrupación radical que se disponía a atentar contra centros judíos en la capital.

La Unión Europea ha exigido al Kremlin que no retuerza la realidad para justificar sus objetivos. “No existe ninguna prueba de que Ucrania esté vinculada a este ataque y pedimos a las autoridades rusas que no utilicen el ataque terrorista de Moscú como un pretexto para aumentar la agresión ilegal contra Ucrania”, ha declarado el portavoz de Exteriores del bloque comunitario.

Putin, sin embargo, asocia este atentado a la fallida contraofensiva ucrania de 2023 y a nuevas tácticas del ejército ucranio, incluidos sus bombardeos con misiles y drones contra la infraestructura energética rusa y las bases en Crimea, así como los ataques de respuesta contra zonas civiles de las regiones fronterizas rusas, especialmente Bélgorod. “Los actos sangrientos de intimidación, como el ataque terrorista cometido en Moscú, encajan lógicamente en esta serie”, ha manifestado el mandatario ruso.

Una derivada de la crisis abierta para el Kremlin por el ataque contra la sala Crocus es el riesgo de una ola de islamofobia y xenofobia en Rusia, donde residen millones de inmigrantes —no existe un censo oficial— procedentes de los países de Asia central, incluido Tayikistán. La tensión ya había aumentado con la movilización forzosa de los ciudadanos que tienen doble nacionalidad para reforzar las fuerzas rusas en el frente de Ucrania. “Hemos prestado especial atención a las publicaciones falsas que intentaban incitar a conflictos étnicos y sembrar el pánico y el odio hacia las personas por su nacionalidad”, ha remarcado durante su turno el fiscal general ruso, Ígor Krasnov, quien ha agregado que se ha eliminado contenido de este tipo en la Red.

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